Tras nuestra
visita a Burgos y ya de regreso a nuestro querido Madrid, cruzamos la frontera
que separa Burgos de la hermana Valladolid para visitar el pequeño pueblo de
Peñafiel.
Conocido por ser
cuna de algunas de las más famosas bodegas de los grandes caldos de nuestra
tierra, nuestra visita fue más orientada a lo cultural que al enoturismo ,
aunque mencionaremos que nos quedamos con ganas de visitar una de las bodegas
de dicha localidad y que reservaremos para otra visita.
Peñafiel se encuentra
ubicado bajo las faldas de la montaña sobre la que se yergue su castillo, desde
el que podemos divisar la Plaza del Coso, caracterizada por ser una plaza de
arena tipo albero como la que se puede encontrar en las plazas de toros, la
iglesia de San Miguel de Reoyo, la Torre del reloj, puente de piedra y la nueva
y moderna Bodega de Protos cuyo techado simula ser un racimo de uvas.
Durante nuestra visita guiada al
castillo estuvimos acompañados en todo momento por una fina lluvia arropada por
un espeso manto de niebla que impedía ver con nitidez lo que Peñafiel tiene
para enseñar, por lo que no pudimos apreciar
todos los monumentos que componen dicha villa de manera clara. El castillo, fue
edificado entre los siglos IX y X, y es
uno de los castillos más bellos del medievo español. Construido con forma de buque para aprovechar al máximo
la orografía del terreno, actualmente es
la sede del Museo Provincial del Vino de
Valladolid que optamos por no visitar por falta de tiempo, aunque creo que merecería
la pena hacerlo en otra ocasión.
Como he comentado
anteriormente, nos reservamos una nueva visita a este paraje para iniciarnos en
la cata de vino y visitar el Museo así como alguna de las bodegas que allí
podemos encontrar.

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